Mi llamador de Ángeles venía acompañado de estas palabras:
A veces al amanecer, cuando no sabemos con certeza si estamos dormidos o despiertos, o a la hora del crepúsculo, cuando las sombras nos hace dudar de nuestros sentidos, adivinamos invisibles presencias, susurros, aleteos, risas contenidas y hasta puede rozar nuestra mejilla algo que no podemos definir. Son los Ángeles, vienen, van, escuchando nuestros secretos y susurrándonos melodías. Ahora, si tal vez los perdiste en el apuro por vivir, solamente hace falta que los convoques.
Para esa convocatoria te invito - ahora que estás en mi web - a leer el poema de Olga Orozco "Conversación con el ángel", las "Elegías de Duino" y "El huerto de los olivos " de Rainer M. Rilke y otro bello texto de autor desconocido. Y también te sugiero te dejes acompañar por uno de esos encantadores llamadores de Ángeles, tan parecidos a los cencerros. Pero no te olvides que a los Ángeles hay que saber escucharlos y siempre darles una mano, además de no soltarte de la de ellos.
Isabel Monzón
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